El cambio hormonal de la menopausia, es el gran detonante.
La osteoporosis no es una consecuencia inevitable del envejecimiento. Es una enfermedad progresiva, silenciosa… y prevenible.
A partir de los 30 años, todos comenzamos a perder masa ósea de forma natural.
Pero en las mujeres, esa pérdida se acelera drásticamente tras la menopausia debido a la caída de estrógenos, hormona clave para mantener la estructura del hueso.
En los primeros 5 años postmenopausia, una mujer puede perder hasta un 10% de su densidad ósea.
Esto no genera dolor ni síntomas visibles, pero aumenta enormemente el riesgo de fracturas, especialmente en columna, cadera y muñecas.
Hoy, se estima que 1 de cada 2 mujeres sufrirá una fractura osteoporótica a lo largo de su vida. Y muchas lo descubrirán demasiado tarde, tras una caída “tonta”.
¿La buena noticia? La ciencia lo deja claro:
